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APUNTES PARA EL ESTUDIO DE UNA TRAYECTORIA INTELECTUAL

    Difícil es la tarea de resumir en unos pocos párrafos los rasgos distintivos de una personalidad tan singular como la de Pedro Grases, el maestro de la investigación humanística en Venezuela. Quienes hemos tenido la suerte de conocerlo podemos dar testimonio de sus cualidades como ser humano en cualquiera de las facetas que ha trajinado, aunque también, y es lo que nos interesa en esta ocasión, de sus preocupaciones y desvelos como intelectual.

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TEMAS PARA EL ESTUDIO DE IBEROAMERICA (2002)


Correspondencia de Pedro Grases con intelectuales de Venezuela, América y Europa, 1948-1994. Fundación Pedro Grases.


Ír a Obras de Pedro Grases

 

TOMOS PARA EL ESTUDIO DE LAS OBRAS COMPLETAS DE ANDRÉS BELLO.

IVÁN JAKSIC

RESEÑAS 263, Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA No 39, Vol. I, enero-junio 2006: 263-336
ISSN 0073-2435

 

FUNDACIÓN PEDRO GRASES, Andrés Bello: Documentos para el estudio de sus Obras Completas, 1948-1985, 2 tomos, Fundación Pedro Grases, 2004, 1.408 páginas.


    Un verdadero acontecimiento para el bellísimo internacional, y para la historia cultural de América Latina en la segunda mitad del siglo XX, es esta publicación compilada y anotada por el investigador Ildefonso Méndez Salcedo bajo la coordinación general de María A. Grases Galofré y Carlos Maldonado-Bourgoin. Este valioso aporte a la historia y a las letras hispanoamericanas destaca un aspecto fundamental de la investigación bellista que culminó en la edición venezolana de las Obras Completas, cuyo primer tomo, Poesías, se publicó en 1952, y el último, Estudios Filológicos, en 1987 (aunque lleva fecha de 1986). Se trata de uno de los grandes logros editoriales del siglo XX.

    En efecto, por tratarse de una obra que requería de la colección de documentos dispersos en numerosos países de dos continentes, y porque el talento necesario 292 HISTORIA 39 / 2006 también estaba ampliamente distribuido en una diversidad de naciones, la labor de coordinación puede considerarse como simplemente titánica. Esto, en una época en que no existía ni la tecnología ni la rapidez de las comunicaciones que aun hoy hacen difícil la realización de una tarea de tal envergadura.

    El peso de esta tarea, a partir de 1948, cayó sobre los hombros de Pedro Grases, lamentablemente fallecido en Caracas en septiembre del año recién pasado. Su labor como miembro de la Comisión en la que tuvo también un papel destacado Rafael Caldera, tenía dos objetivos fundamentales: localizar toda la información posible sobre la biografía de Andrés Bello, y coordinar la edición de las obras completas, que en su versión final llegaría a 26 tomos (fueron quince los de la edición chilena de 1881-1893). Para estos efectos, sostuvo una nutrida correspondencia, claramente representada por los 63 corresponsales que aparecen en los dos tomos. Estos incluyen a figuras importantes del mundo académico, cultural, diplomático y político hispano de la segunda mitad del siglo pasado, incluyendo a Amado Alonso, Jorge Basadre, Ricardo Donoso, Guillermo Feliú Cruz, Rómulo Gallegos, Juan David García Bacca, Pedro Lira Urquieta, Mariano Picón Salas, José Manuel Rivas Sacconi y Raúl Silva Castro, entre muchos otros.

    La correspondencia más nutrida fue sostenida con Carlos Pi Sunyer (191 páginas de la compilación), Guillermo Feliú Cruz (146), Ricardo Donoso (129), Héctor Paúl Viale-Rigo (124), y José Manuel Rivas Sacconi (103), el notable académico y diplomático colombiano, director en su momento del Instituto Caro y Cuervo. Esta abundancia de cartas se explica, en el caso de Pi Sunyer, por el hecho de saberse tan poco sobre lo que Rafael Caldera llamó en su momento “La incomprendida escala de Bello en Londres”. El catalán Pi Sunyer, quien residía en esa ciudad luego de la guerra civil española, y en colaboración con Miriam Blanco-Fombona de Hood, investigó pacientemente las pocas pistas existentes, muchas de las cuales no rindieron mayores frutos, pero que al final logró lo que nadie había logrado hasta entonces: el identificar las residencias de Bello, y algunas de sus ocupaciones durante el período más difícil de su estadía.

    La larga correspondencia con los chilenos Ricardo Donoso y Guillermo Feliz Cruz, a la que debe agregarse la correspondencia con Pedro Lira Urquieta, Raúl Silva Castro, Carlos Stuardo Ortiz, Jorge Gamboa Correa, y varios descendientes de las familias Bello y Amunátegui, se explica por lo enorme de la tarea que aún faltaba por hacer desde la publicación de la edición chilena: la identificación de los textos de gobierno, la labor parlamentaria, y los escritos periodísticos publicados anónimamente. Además, la complejidad inherente a toda edición de unas obras completas. Por ejemplo, los proyectos de ley de Bello, ¿debían ir entre los textos de gobierno, o los temas jurídicos y sociales? ¿Cuáles documentos de la Cancillería debían consignarse en los tomos de derecho internacional, o en los referidos textos de gobierno? Finalmente, estaba el problema de las variaciones de redacción, ejemplificado por los artículos del Código Civil. El criterio de la comisión editora era que se registrara cada cambio de redacción, lo que planteaba serios problemas a juristas como Pedro Lira Urquieta, para quienes los cambios de redacción solo eran importantes cuando afectaban el contenido jurídico. En materias de poesía, sin embargo, las variantes fueron rápidamente entendidas como cruciales. RESEÑAS 293

    Pero ¿qué ortografía debía usarse de manera consistente en las obras completas? ¿La de Bello, o la académica? La Gramática, ¿debía ir con las notas de Cuervo, o en su versión original? La tarea de coordinación, compatibilización, y acuerdo, fue realmente gigantesca.

    Uno de los aspectos más novedosos de esta publicación es la correspondencia entre Pedro Grases y el cónsul venezolano en Chile Héctor Paúl Viale-Rigo durante las décadas de 1940 y 1950, a quien le cupo no solo representar los intereses de la Comisión en momentos en que estaban suspendidas las relaciones entre Chile y Venezuela, sino que además hubo de lidiar con un serio problema de sucesión una vez que falleció don Miguel Luis Amunátegui Reyes en 1949. Amunátegui había hecho algunos obsequios a Venezuela, y su esposa, Josefina Johnson de Amunátegui, había facilitado la mayor parte del archivo manuscrito para su cotejo en Venezuela. Esto creó serias dificultades, puesto que se exigió el retorno de los documentos, generándose un entredicho que pudo en su momento amenazar seriamente la colaboración entre chilenos y venezolanos. Afortunadamente, este incidente se pudo superar, pero representó una verdadera saga.

    Quizás lo que más resalta en esta notable colección es la construcción de redes de colaboración internacional, y la medida en la cual esta dependía de los lazos de fraternidad y amistad entre intelectuales. Si bien es cierto que algunos de los trabajos fueron remunerados, en especial los prólogos y las bibliografías especializadas, es notable la cantidad de académicos, bibliotecarios, y personas diversas que voluntariamente prestaron materiales o tiempo para investigar puntos no esclarecidos de la biografía y bibliografía de Bello.

    Esta publicación también representa un verdadero manual de investigación.

    Quienes se inician en la investigación histórica, o quienes disfrutan de su realización, encontrarán aquí todas las dificultades, y todos los felices hallazgos, que acompañan cualquier investigación seria y prolongada. Pocos podrán imaginar que en toda Colombia en la década de 1940 no había una sola máquina de microfilme, lo que en un momento amenazó la reproducción de documentos valiosos por el alto costo de fotografiarlos. O que sin la valija diplomática, o el traslado de personas particulares de un país a otro, los materiales no hubieran llegado a su destino. O que la imprenta de J.M. López Soto, que imprimía las obras completas en Buenos Aires (allí se publicaron 19 tomos), se vio seriamente asediada con el advenimiento del régimen peronista, y en donde los paros y otros percances complicaron la publicación. O cómo el fallecimiento, la enfermedad, o los destinos políticos y diplomáticos de algunas personas hicieron cambiar la asignación y configuración de los prólogos en múltiples ocasiones.

    En suma, se trata de una obra notable, que ayuda a comprender la magnitud de la tarea realizada por la Comisión Editora de las Obras Completas, y en especial por Pedro Grases. Renueva además las esperanzas que la continua investigación, siguiendo esta misma senda, ayude a la cada vez mayor comprensión de la figura de Andrés Bello.


IVÁN JAKSIC

Universidad de Stanford

Estados Unidos de América

EL LEGADO DE PEDRO GRASES EN VENEZUELA

    La Fundación Pedro Grases ofrece a los lectores su sexta publicación. Esta vez se trata del segundo número de la Colección Estudios sobre Pedro Grases, un volumen de autoría colectiva que lleva por título "El legado de Grases en Venezuela", en el cual se revisa la trayectoria intelectual del maestro catalán desde su llegada a nuestro país en 1937.


    En esta ocasión se compilan catorce trabajos escritos durante los últimos años de la vida de Pedro Grases (1909-2004). La mayoría fueron preparados especialmente para integrar esta publicación, aunque tres de ellos ya habían sido dados a conocer como capítulos de libros o artículos de prensa, según se indica en el lugar corresponidente.




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HOMENAJES AL MAESTRO PEDRO GRASES EN BARCELONA, ESPAÑA, 2010.

Fundación Pedro Grases y Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura.

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